Papelera de reciclaje
domingo, 9 de diciembre de 2012
viernes, 30 de noviembre de 2012
Vidrio - Kiko Veneno
El trapero va dibujando círculos por la manzana
yo le preguntaría pero sé muy bien que no habla
Las señoras me tratan amable me van a llenar de cintas
y en lo profundo deep in my heart sé que no tengo salida
Oh mama esto puede ser el fin. Esto puede ser el fin
Atascado con el blues de Memphis sin poder salir
Mona intentó mantenerme lejos de los ferroviarios
no sabes me dijo que se beben tu sangre como el vino a diario
Yo le dije que no lo sabía pero después tirando del hilo
me acordé de aquél que una vez
me dio un puñetazo en todo el cigarrillo
Oh mama ...
ya se murió la abuelita ya está enterrada entre las rocas
pero la gente habla todavía de la pena que le toca
Yo ya lo estaba viendo que iba de mal en peor
últimamente la vi encendiendo candela por la calle mayor
Oh mama ...
El senador ha llegado enseñando la pistola
mañana se casa mi hijo todo el mundo está invitado a la boda
con el bajío que yo tengo todo lo malo a mí me pasa
si voy seguro me cogen de marrón debajo de un camión y sin entrada
Oh mama ...
El hombre lluvia me dió dos remedios que aliviaran mi locura
el primero era un remedio sureño el segundo ginebra pura
como un loco hice una mezcla que me estranguló el cerebro
ahora veo a la gente más fea y he perdido el sentido del tiempo
Oh mama ...
Anochece
Después de cenar se lavó los dientes. Tras escupir la espuma blanca, le enseñó los dientes al espejo y los examinó. No se dio cuenta pero esa era la primera vez que sonreía en todo el día. A través de las cortinas vio un cielo azul oscuro, no negro, propio de los atardeceres del verano. La luna parecía una uña en la moqueta azul de un cielo sucio de nubes y salpicado de estrellas. Apaga todas las luces de la casa vacía. Se oye la nevera, y ella, bajo la única luz del pasillo, arranca los grumos de la lana de su jersey. De pie, con la barbilla pegada al pecho, arrancando lana de la lana. No está pensando, no siente nada, ni miedo, ni asco, ni sueño. Su cerebro funciona en piloto automático de tal manera que no existe más mundo que el jersey y sus grumos. Una mujer en un pasillo, en un bloque destartalado, en una ciudad arruinada. Podría estar mirando el techo, moviendo el café con una cucharilla o rascándose la piel hasta sangrar. No era consciente de sí misma ni del mundo, no ahora. Al fin apagó la luz del pasillo y, sin encender la lámpara de la habitación, se introdujo bajo la manta por los pies de la cama y se arrastró, como una oruga, hasta que la cabeza dio con la almohada.
jueves, 22 de noviembre de 2012
Vidrio
El cuarto en el que Hemingway escribía era pequeño. Tenía una chimenea que encendía con unas ramitas de pino. Era una habitación alquilada que sólo utilizaba para trabajar. Por las mañanas se subía mandarinas y castañas asadas en bolsas de papel y cuando un cuento no arrancaba, se sentaba ante la chimenea y apretaba una monda de mandarina para ver el chisporroteo azulado producido por las gotas que caían sobre la llama. También miraba los tejados de París desde la ventana de su cuarto y pensaba: «No te preocupes. Hasta ahora has escrito y seguirás escribiendo. Lo único que tienes que hacer es escribir una frase verídica. Escribe una frase tan verídica como sepas.»
Plástico
No me hagas caso, me han roto el corazón. No veo una mierda con objetividad. Me conozco, aprendí a escuchar como un psiquiatra. Cuando hable con pasión es cuando menos puedes confiar en mí. En realidad es muy triste: toda la vida me han felicitado por la inteligencia, por la labia, por mis intuiciones. Malabares, después de todo.
Nunca me veo, ante los peldaños de la entrada, cogiendo la mano de mi hermana. Por ese motivo no puedo explicar los moratones que lleva en el brazo, donde acaba la manga. Me creo invisible, por ese motivo soy peligrosa. La gente como yo, en apariencia abnegada, somos los tullidos, somos los mentirosos: somos los que deberían ser descartados, si respetasen la verdad.
Cuando estoy tranquila, surge la verdad. Un cielo claro, nubes deshilachadas. De debajo de una casita gris azaleas rojas y de un intenso rosa. Si quieres la verdad, debes cerrarte a la hermana mayor, dejarla afuera: cuando se hace un dolor semejante a una criatura viviente, en sus más internos y profundos mecanismos, se alteran todas sus funciones.
Este es el motivo por el que soy digna de confianza. Porque una herida en el corazón, es también una herida en la mente.
martes, 20 de noviembre de 2012
Orgánico
La
madrugada que seguía a la apuesta nocturna, el paisaje había
cambiado por completo. El gris de las ciudades, el marrón de los
campos, el verde de los bosques, todo el rostro de esa parte del
planeta que era su mundo había mudado sus colores al blanco. Y
habían asistido juntos a ese espectáculo, no mirando por la misma
ventana, ni siquiera en la misma habitación, pero habían convivido
bajo la nevada sin apreciarlo.
A la
mañana, los vecinos procuraban sal encima del hielo de las aceras. Y
mientras el invierno lloraba frías lágrimas de desazón que bajaban
por todas las calles de la ciudad, el joven se preguntaba porqué ese
miedo al color blanco. El porque de que quisieran que sus aceras
fueran grises en lugar de blancas se le escapaba entre el gorro y la
bufanda.
Aunque
bien visto, eso mismo habían hecho un par de días atrás, echar sal
al hielo y nadar en el líquido salado. Agua salada, mar en esencia.
Agua
salada, mar en esencia.
Así
que las ciudaes y pueblos se habían convertido en ríos de agua
salada que ir saltando para no dejar de quemarse bajo el poco y
lúgrube sol de invierno.
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